José González es el fundador de Semilla, Inc., un ministerio que promueve la transformación cultural de Hispanoamérica por la Palabra de Dios a través de líderes sanos, santos y sabios. Es el nuevo escritor invitado en Español para CBN.com.

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José González is the founder of SEMILLA Inc., a ministry that promotes the cultural and spiritual transformation of Latin Americans and US Hispanics by the Word of God through godly, integral and wise leaders. He is the new guest Spanish blogger for CBN.com.

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Ciudadanias en Conflicto


Ayer conversaba con un líder internacional de una gran denominación, quien me explicaba que al estudiar la teología aplicable al tema de la Inmigración descubría que Dios ha usado los movimientos migratorios para llevar Su Evangelio a toda la tierra.  Su posición es que la iglesia debe ministrarle a todos en cumplimiento de su deber, sin importarle su estatus legal migratorio.

El Apóstol Pablo nos enseña que los cristianos tenemos, por el solo hecho de serlo, una doble ciudadanía, ya que pertenecemos a dos reinos simultáneamente: el Reino de los Cielos y al reino (o nación) terrenal que nos corresponde a cada cual.  No cabe duda cuál de esos dos reinos tiene mayor importancia: el spiritual, que es eterno e infinito o el material que es temporal y limitado. 

Sin embargo, tenemos que tener cuidado de no caer en el error de despreciar lo terrenal, porque de hecho hemos sido creados para vivir en este mundo, si bien temporariamente, y nuestra responsabilidad mientras en él vivamos es cumplir el propósito de Dios, aquí y ahora.  Dios ama su creación natural, pese a que esta es efímera, y la ha dotado de un propósito: el servirnos para cumplir nuestra misión eterna.  Es secundaria, pero es importante; lo natural es un instrumento, no un enemigo, de lo eterno.

Por causa de la Caída, los dos reinos se encuentran a menudo en conflicto.  Las demandas del uno frecuentemente contradicen o parecen contradecir las del otro.  Por eso, la interpretación teológica de mi amigo, de que la iglesia debe de ministrar a todos SIN inmiscuirse en el asunto de su estatus legal, suscita fuerte controversia aún entre cristianos.  Muchos, especialmente en esta época en que diversas propuestas de reforma en las leyes migratorias de los Estados Unidos, se sienten ofendidos por la ola de inmigrantes indocumentados que ha entrado al país en los últimos diez años.  Como consecuencia, sus instintos cívico/políticos tienden a polarizarlos hacia aquellos mandatos bíblicos de obediencia a las leyes.  Otros, cuyos sentimientos de compasión les hacen ver las enormes dificultades y riesgos que viven los emigrantes indocumentados y sus familiares, los llevan a enfatizar los mandatos bíblicos de hospitalidad hacia el extranjero y solidaridad con sus penurias.

Este espacio no me permite hacer un análisis profundo de la situación con todos sus “bemoles”.  Sin embargo, podemos ver que parte del problema, por lo menos desde la perspectiva de mi amigo, es ese conflicto que suele ocurrir entre los dos reinos.  Como ciudadanos de nuestra nación, los cristianos queremos respetar y acatar las leyes.  Sin embargo, como ciudadanos del Reino de los Cielos reconocemos como prioritario el amor al prójimo y la solidaridad con sus necesidades.  

En honor a la verdad, los cristianos tenemos que reconocer, antes que nada, la complicidad del sistema político, económico y jurídico de la nación en permitir que con impunidad entrasen y se ubicasen sin la debida documentación millones de seres humanos en esta nación.  Los responsables, tanto gobernantes como ciudadanos lo hicieron por conveniencia, política o económica, por obligación de familia, o como una protesta ante leyes que consideraron injustas o inaplicables.   Pero sea por la causa que sea, el hecho es que ha habido una complicidad masiva de parte de las autoridades y del pueblo norteamericano en dejar entrar, trabajar y arraigarse a esa masa de indocumentados. 

Por otro lado, los cristianos también tenemos que entender que quienes manejan los argumentos políticos, apelando a sentimientos patrióticos o solidarios, evocando la lógica o la religión, en muchos casos representan intereses partidarios, económicos o afectivos (lazos de familia, solidaridad de clase, etc.) y que por lo tanto, sus argumentos tienen que ser sopesados cuidadosamente, para no dejarnos arrastrar y convertir en instrumentos de otros sin saber cuáles son sus verdaderas motivaciones. 

Si, los reinos se encuentran a menudo en conflicto.  Pero es el privilegio de los cristianos encontrar en la Sabiduría de Dios, las motivaciones, el tono, los argumentos y las propuestas sensibles, que ayudan a reconciliar las relaciones y a encontrar soluciones que pueden recibir un apoyo amplio por la ciudadanía.  Esta es parte de nuestra misión de reconciliadores, de hacedores de paz, y sembradores de justicia.

Envíe sus comentarios a blog@joselgonzalez.com Lea otros artículos sobre nuestra cultura hispana en www.semilla.org  Hasta la próxima semana….

 
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Print     Email to a Friend    posted on Tuesday, August 25, 2009 10:50 AM



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