José González es el fundador de Semilla, Inc., un ministerio que promueve la transformación cultural de Hispanoamérica por la Palabra de Dios a través de líderes sanos, santos y sabios. Es el nuevo escritor invitado en Español para CBN.com.

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José González is the founder of SEMILLA Inc., a ministry that promotes the cultural and spiritual transformation of Latin Americans and US Hispanics by the Word of God through godly, integral and wise leaders. He is the new guest Spanish blogger for CBN.com.

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La Inmigracion: Enfrentandonos Cara a Cara con Nosotros Mismos

(In English)

La crisis migratoria en los Estados Unidos pone en conflicto los intereses inmediatos de la ciudadanía con los valores fundamentales de la nación.   Por ejemplo, al concebir cómo proteger a la ciudadanía de la entrada de elementos destructivos por una frontera enorme y prácticamente abierta, corremos peligro de perder substancialmente la libertad interna y parecernos a un estado policiaco.  El determinar cuántos y qué clase de emigrantes vamos a recibir en el futuro, nos confronta con una decisión respecto qué clase de nación somos y queremos ser.  Y el contemplar qué se ha de hacer con los inmigrantes indocumentados que ya están en el país nos obliga a reconocer nuestra complicidad, política, económica y social, en su presencia.  

El debate público, por veces enconado, sobre el asunto, pone al descubierto el desgaste moral de nuestra nación.  Ante el peligro del terrorismo, la libertad, como se dice popularmente “ya no es tan importante como nos parecía.”  Confrontados con una ola humana que ha llegado a estas tierras sin permiso, el precio de ser la nación que quisiéramos ser se puede haber vuelto demasiado caro, rebasando la paciencia del pueblo y la viabilidad nuestra red de seguridad social.  La “invasión” de gente cuya apariencia, conducta y cultura inspira  desconfianza en muchos de nosotros, y su ofensa de haber violado nuestro espacio cívico,  despierta instintos racistas latentes, que son fácilmente manipulables para nutrir ambiciones políticas.

Se suma a esto la culpabilidad colectiva que todos compartimos por haber permitido y postergado el encarar esta irregularidad masiva.  Tanto el sistema político, como el económico y el sistema social han contribuido significativamente al fenómeno de una masa humana de emigrantes indocumentados y nos hacen cómplices, no sólo jueces, de la situación.

El número de indocumentados que están en el país se estima consistentemente en 12 millones.  Esto equivale al 4% de la población nacional, o sea, que de cada 25 personas hay una que no tiene papeles para estar viviendo y trabajando aquí. Una masa tan grande de individuos jamás podría haberse radicado, ni encontrado trabajo, casa y servicios mínimos, si no fuera con la complicidad tácita o activa de un segmento grande de la población que los emplea, les provee servicios y convive con ellos. 

Sin embargo, a la hora de decidir qué hacer con toda esa población que vive en la penumbra legal, la mayoría de los norteamericanos y residentes legales ignoramos nuestra responsabilidad, personal o colectiva, por haber creado el problema.

Una ley que casi todos ignoran es una mala ley: no sirve los propósitos sociales que debe de servir toda ley.  Las leyes migratorias en los Estados Unidos no han sido implementadas porque ya no sirven bien el interés nacional.  Por eso ha faltado la voluntad política y el consenso social necesario para aplicarlas consistentemente. Por décadas las políticas gubernamentales han sido  ambivalentes respecto al emigrante, y esto ha creado las condiciones para que una gran masa de ellos haya logrado entrar o quedarse sin los papeles correspondientes.

Es que ser “una nación de emigrantes” es una parte importante del mito nacional estadounidense. Le llamo “mito” no por ser falso, sino porque encarna unos valores con los que se identifica profundamente la conciencia nacional. 

Creemos pertenecer a una nación noble, generosa y solidaria, que recibe con brazos abiertos al pobre, al humilde y al desvalido. 

Creemos ser una patria donde la libertad es un derecho inalienable en la que todos los seres humanos poseen igualmente una dignidad augusta. 

Y estamos convencidos de ser una tierra de oportunidades que ofrece al que está dispuesto a trabajar por ellas las posibilidades infinitas del “sueño americano”.  

Ser “una nación de emigrantes” refuerza ese mito nacional que cualquiera puede llegar a ser parte de esta América y gozar de libertad y prosperidad, si se adaptan, se integran y se unen al experimento nacional.  Pero mantener el “sueño americano” requiere de una virtud cívica de sobriedad, integridad y auto control que los norteamericanos y emigrantes legales de hoy hemos vendido por un plato de lentejas.  El costo de la permanecer libres puede exceder nuestra capacidad de administrar nuestra libertad. 

 

Print     Email to a Friend    posted on Tuesday, August 18, 2009 6:39 PM

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