José González es el fundador de Semilla, Inc., un ministerio que promueve la transformación cultural de Hispanoamérica por la Palabra de Dios a través de líderes sanos, santos y sabios. Es el nuevo escritor invitado en Español para CBN.com.

Author's website:

José González is the founder of SEMILLA Inc., a ministry that promotes the cultural and spiritual transformation of Latin Americans and US Hispanics by the Word of God through godly, integral and wise leaders. He is the new guest Spanish blogger for CBN.com.

Subscribe to this Feed

View All CBN News Blogs

View All CBN Blogs


Lazos de Amor Malsanos


(Click here for English Translation) Hay una serie de puntos en los que las “reglas del juego” en nuestra cultura violan directa o indirectamente la verdad y el orden divino para el matrimonio y para la familia.  El resultado es que muchas de nuestras familias tienen patrones de conducta enfermizos que pueden llegar a convertirlas en familias disfuncionales.  Cuando el “subdesarrollo emocional” de los adultos se impone, esto trae consecuencias negativas para sus hijos, dañando su salud mental y hasta espiritual, por reproducir el pecado de sus padres, o por reaccionar de una manera malsana en contra de ellos.  

Por ejemplo, en nuestra cultura, reconocemos los fuertes lazos familiares entre los miembros de la familia, que incluyen las varias generaciones.  Esto es bueno en sí, y nos hace la envidia de otras culturas.   Sin embargo, hay que reconocer que en muchísimos casos, cuando los jóvenes se casan, nadie realmente espera que “dejarán a su padre y a su madre” para unirse en una unión exclusiva e inviolable; más bien, la mayoría comenzamos una vida aparte, pero no totalmente independiente.  Esto es causa de mucho conflicto y sufrimiento, porque las “sombras” de los padres de ambos, se ciernen sobre el nuevo hogar, amenazando su autonomía, su paz y su unidad.

Si reflexionamos sinceramente, muchos de nosotros debemos de reconocer que hemos sido criados para cuidar, sobre todo de nuestras madres, para toda la vida.  Inconscientemente pensamos que “a la madre nunca se la deja”.  En muchos casos esto es por porque de hecho ella nos ha criado para sí, para que nunca la abandonemos ni pongamos a otra persona por encima de ella, sino que seamos su fuente de felicidad de por vida y que la cuidemos en su vejez.  Las razones de que las madres se apoyen indebidamente sobre sus hijos, creando una co-dependencia enfermiza, con hijos que necesitan la aprobación de su madre y madres que dependen de sus hijos para su felicidad, no caben dentro de este breve espacio.

Es encomioso, por supuesto, que  los hijos estén dispuestos a cuidar de sus padres en la vejez.  Pero este sentimiento noble, puede ir más allá del amor y la honra que los hijos deben a sus padres, si interfiere con la unión total, exclusiva y perpetua de que se deben los hijos casados entre sí.  Hay veces en que los mayores se atribuyen la autoridad de dictar or de influir indebidamente en las decisiones de los jóvenes, o que los manipulen para suplir SUS necesidades emocionales, alimentando su propia madurez y su egoísmo .  Eso destruye la base del pacto en la próxima generación, porque el pacto matrimonial es por definición exclusivo, dejando fuera no sólo a otros pretendientes o usurpadoras, sino también a los mismos padres de cada consorte.

Una manera fácil de examinar cada caso es determinar honesta e independientemente si realmente ambos consortes concuerdan en cuidar juntos de sus respectivos padres.  Si es así, se proponen hacer una muy buena obra.  Pero si lo hacen por un sentido de obligación y de culpabilidad manipulado por los padres, o si se hace en contra la voluntad de uno de los esposos, eso viola el sagrado acuerdo entre ellos como pareja, y quebranta el pacto de unión matrimonial que Dios establece como base de cada familia. 

La prepotencia y la influencia indebida de una  generación sobre otra asegura que se perpetúe la  disfuncionalidad de una en la próxima, porque ni los padres maduran ni dejan crecer sanamente a sus hijos.  En una familia sana los hijos se crían para que formen su propia pareja y le entreguen toda su lealtad a su consorte. 

¡Cuidado con los lazos familiares que nos atan de generación en generación!  Eso puede ser una bendición o una maldición, según refuerce o amenace la lealtad y unidad que se deben los consortes para toda la vida.   

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne”  (Gen 2:24  y Mar 10:7). 

 

Print     Email to a Friend    posted on Tuesday, May 19, 2009 4:03 PM



Comments on this post

No comments posted yet.